"Salió Jesús y vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tenian pastor".
(Marcos 6:34)
El (Salmo 23) es el pasaje bíblico más conocido, incluso por la gente que no está muy familiarizada con la Biblia. Da paz y consuelo en los momentos dificiles de la vida.
"El Señor es mi pastor, nada me faltará. En lugares de dedicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma; me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre. Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán alient. Aderezas mesa delante de mi en presencia de mis angustiadores; unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebozando. Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los dias de mi vida, y en la casa del Señor moraré por largos días".
El autor de esteSalmo es David un pastor que llegó a ser rey de Israel. Pasó por alegrías y tristezas, como cada uno de nosotros. Atravesó grandes peligros y experimentó victorias y derrotas. Este Salmo e sla expresión de una total confianza en Dios.
Son notables los cuidados de un pastor hacia su oveja, animal miedoso que se pierde cuando se separa del rebaño, indefenso ante los depredadores, la interperie, las enfermedades.....El pastor vela, conduce el rebaño, aleja a los agresores, cura a la oveja enferma, va en busca d ela descarriada y la trae al rebaño. La oveja está segura cerca del pastor. Si lo sigue será llevada a buenos pastos y al agua que la sacia.
Y en situaciones extremas, es decir; cuando pase por el valle sombrío y espacioso, final que parece aterrador, el cristiano tendrá protección junto al poderoso pastor, Jesucristo.
viernes, 30 de noviembre de 2018
martes, 27 de noviembre de 2018
Devociones: "Jesús y nuestras preocupaciones".
"Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros".
(1 Pedro 5:7)
"¡Qué vida! ", se oye decir a menudo. ¡hay tantos sufrimientos, injusticias, inmoralidad, dificultades de todo tipo, y todo esto para acabar inevitablemente en la muerte! Comprendemos a los que hablan así, pues están llenos de incertidumbres respecto al presente y no tienen ninguna esperanza para el más allá. ¿Forma usted parte de los que piensan que la vida es una carga demasiado pesada?.
Sin embargo, hay alguien que puede comprenderle porque estuvo en la tierra y vivió como hombre entre los hombres. ¡Es Jesús! Él vive y se interesa en usted personalmente. Él también lloró, y puede consolarle.
Él, quien fue odiado por todos, desea demostrarle que le ama. Él, quien fue abandonado por todos, nunca lo abandonará. "Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano" (Juan 10:27-28).
Él, es justo, quien fue condenado, le ofrece el perdón de Dios. "Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu"
(1 Pedro 3:18).
Él quien fue rechazado, nunca lo rechazará. "Al que a mí viene, no le echo fuera" (Juan 6:37). Él, quien fue clavado en una cruz, quiere darle la vida eterna.
¿Qué se necesita para tener un amigo así? Acudir a él con sus preocupaciones y sus penas, con toda carga que pesa sobre sus espaldas. Este peso tal vez sea desconocido por los demás, pero no por él. Jesús está dispuesto a recibirle; no será superado por ninguno de sus problemas.
(1 Pedro 5:7)
"¡Qué vida! ", se oye decir a menudo. ¡hay tantos sufrimientos, injusticias, inmoralidad, dificultades de todo tipo, y todo esto para acabar inevitablemente en la muerte! Comprendemos a los que hablan así, pues están llenos de incertidumbres respecto al presente y no tienen ninguna esperanza para el más allá. ¿Forma usted parte de los que piensan que la vida es una carga demasiado pesada?.
Sin embargo, hay alguien que puede comprenderle porque estuvo en la tierra y vivió como hombre entre los hombres. ¡Es Jesús! Él vive y se interesa en usted personalmente. Él también lloró, y puede consolarle.
Él, quien fue odiado por todos, desea demostrarle que le ama. Él, quien fue abandonado por todos, nunca lo abandonará. "Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano" (Juan 10:27-28).
Él, es justo, quien fue condenado, le ofrece el perdón de Dios. "Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu"
(1 Pedro 3:18).
Él quien fue rechazado, nunca lo rechazará. "Al que a mí viene, no le echo fuera" (Juan 6:37). Él, quien fue clavado en una cruz, quiere darle la vida eterna.
¿Qué se necesita para tener un amigo así? Acudir a él con sus preocupaciones y sus penas, con toda carga que pesa sobre sus espaldas. Este peso tal vez sea desconocido por los demás, pero no por él. Jesús está dispuesto a recibirle; no será superado por ninguno de sus problemas.
domingo, 25 de noviembre de 2018
Devociones: "He aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación".
"He aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación".
(Filipenses 4:11)
A menudo se nos dice que lo que no importa son las circunstancias de la vida, sino cómo reaccionamos a ellas. Es cierto. En vez de estar tratando siempre de cambiar nuestras circunstancias, debemos pensar más en cambiarnos a nosotros mismos.
Hay diferentes modos en los que la gente responde a los acontecimientos adversos. El primero es estoicamente. Esto significa que son completamente impasibles, apretando los dientes sin mostrar ninguna emoción. Su política es: "cooperar con lo inevitable".
Otros responden histéricamente. Se derrumban emocionalmente con grandes clamores, lágrimas y demostraciones físicas espectaculares. Algunos reaccionan derrotistamente. Se rinden en un despreciable desaliento. En casos extremos esto puede terminar en suicidio.
El cristiano normal responde sumisamente. El creyente razona: Esto no sucedió por accidente. Dios controla todo lo que llega a mi vida. No ha cometido un solo error. ha permitido que esto suceda para glorificarse a Sí mismo, bendecir a los demás y hacerme bien. No puedo ver el pleno desarrollo de Su programa, sin embargo, confiaré en Él. De modo que me inclino ante Su voluntad y oro pidiendo que se glorifique a Sí mismo me enseñe lo que desea que aprenda".
Hay otro modo en el que algunos santos escogidos reaccionan, es decir, triunfalmente. No me atravo a contarme entre este número, aunque aspiro a formar parte de su compañía. Estos son los que usan la adversidad como un trampolín para la victoria. Transforman lo amargo en dulce y las cenizas en belleza. No dejan que las circunstancias les gobiernen, más bien hacen que las circunstancias les sirvan. En este sentido, son "más que vencedores". He aquí unas cuantas ilustraciones.
Había una cristiana cuya vida parecía estar llena de decepciones y frustración. No obstante su biógrafo escribió: "Hizo de las negativas de Dios magnificos ramos de flores".
Ciertos creyentes en un país oriental habían sido atacados con piedras por una multitud encolerizada. Cuando estos mismos creyentes regresaron, construyeron una capilla con las piedras que les habian sido arrojadas.
Después de comprar una casa, un hombre encontró una inmensa piedra en medio de su jardín. Decidió hacer un jardín adornado de piedras.
E. Stanley Jones decía: "Usa tus negativas y conviértelas en puertas", como alguien dijo: "Cuando la vida te da limones, haz limonada".
Me gusta especialmente la historia del hombre a quien su doctor le dijo que perdería un ojo y tendría que usar un ojo de cristal. Su respuesta inmediata fue: "Asegúrese de ponerme uno que pueda guiñar". A esto le llamo yo vivir por encima d elas circunstancias.
(Filipenses 4:11)
A menudo se nos dice que lo que no importa son las circunstancias de la vida, sino cómo reaccionamos a ellas. Es cierto. En vez de estar tratando siempre de cambiar nuestras circunstancias, debemos pensar más en cambiarnos a nosotros mismos.
Hay diferentes modos en los que la gente responde a los acontecimientos adversos. El primero es estoicamente. Esto significa que son completamente impasibles, apretando los dientes sin mostrar ninguna emoción. Su política es: "cooperar con lo inevitable".
Otros responden histéricamente. Se derrumban emocionalmente con grandes clamores, lágrimas y demostraciones físicas espectaculares. Algunos reaccionan derrotistamente. Se rinden en un despreciable desaliento. En casos extremos esto puede terminar en suicidio.
El cristiano normal responde sumisamente. El creyente razona: Esto no sucedió por accidente. Dios controla todo lo que llega a mi vida. No ha cometido un solo error. ha permitido que esto suceda para glorificarse a Sí mismo, bendecir a los demás y hacerme bien. No puedo ver el pleno desarrollo de Su programa, sin embargo, confiaré en Él. De modo que me inclino ante Su voluntad y oro pidiendo que se glorifique a Sí mismo me enseñe lo que desea que aprenda".
Hay otro modo en el que algunos santos escogidos reaccionan, es decir, triunfalmente. No me atravo a contarme entre este número, aunque aspiro a formar parte de su compañía. Estos son los que usan la adversidad como un trampolín para la victoria. Transforman lo amargo en dulce y las cenizas en belleza. No dejan que las circunstancias les gobiernen, más bien hacen que las circunstancias les sirvan. En este sentido, son "más que vencedores". He aquí unas cuantas ilustraciones.
Había una cristiana cuya vida parecía estar llena de decepciones y frustración. No obstante su biógrafo escribió: "Hizo de las negativas de Dios magnificos ramos de flores".
Ciertos creyentes en un país oriental habían sido atacados con piedras por una multitud encolerizada. Cuando estos mismos creyentes regresaron, construyeron una capilla con las piedras que les habian sido arrojadas.
Después de comprar una casa, un hombre encontró una inmensa piedra en medio de su jardín. Decidió hacer un jardín adornado de piedras.
E. Stanley Jones decía: "Usa tus negativas y conviértelas en puertas", como alguien dijo: "Cuando la vida te da limones, haz limonada".
Me gusta especialmente la historia del hombre a quien su doctor le dijo que perdería un ojo y tendría que usar un ojo de cristal. Su respuesta inmediata fue: "Asegúrese de ponerme uno que pueda guiñar". A esto le llamo yo vivir por encima d elas circunstancias.
sábado, 24 de noviembre de 2018
Devociones: "Bendice, alma mia a Jehová, y no olvides ninguno de sus benefiicos".
"Bendice, alma mía a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios....sana todas tus dolencias".
(Salmo 103:2-3b)
Uno de los nombres compuestos de Dios en el Antiguo Testamento es Jehova--Rafa, que significa "Yo soy Jehová tu sanador" (Éxodo 15:26b). Nos sana de toda clase de enfermedades y finalmente nos liberará para siempre de toda enfermedad.
Algunas veces nos sana por medio de los tremendos poderes de recuperación con los que ha dotado a nuestros cuerpos. Ésta es la razón por la que los doctores dicen con frecuencia: "casi todo va mejor por la mañana". A veces nos sana por medio de la medicina y la cirugía. Dubois, el famoso médico francés, decía: "El cirujano venda la herida; Dios la sana". Otras veces nos sana milagrosamente. Lo sabemos porque así lo afirman los Evangelios y por la experiencia personal.
Sin embargo, no es siempre la voluntad de Dios que sanemos. Si así fuera, algunos jamás envejecerian ni moririan. Pero tarde o temprano todos moriremos, hasta que el Señor venga. Dios no quitó la aflicción física de Pablo pero le dio gracia para soportarla (2 Corintios 12:7-10).
En un sentido general, todas las enfermedades son resultado del pecado. En otras palabras, si nunca se hubiera cometido ningún pecado, no habría ninguna enfermedad. En ocasiones la enfermadad es resultado directo del pecado en la vida de una persona. Por ejemplo, el alcoholismo en ocasiones provoca enfermedades en el hígado, fumar a veces produce cáncer, la inmoralidad sexual a menudo causa enfermedades venéreas y la preocupación hace que salgan úlceras. Pero no todas las enfermedades son resultaod directo del pecado. Satanás le provocó a Job serías enfermedades (Job 2:7) y no obstante, Job era el hombre más justo de la tierra (Job 1:8; 2:3). Hizo que una mujer desconocida fuera afligida con encorvamiento de la columna vertebrar muchos años (Lucas 13:11-17), e hizo surgir un aguijón en la carne de Pablo (2 Corintios 12:7). En (Juan 9:2-3), el pecado pudo no haber sido la causa de que aquel hombre naciera ciego. Epafrodito estaba gravemente enfermo pero no a causa del pecado, sino a causa de su servicio incansable para el Señor (Filipenses 2:30). Gayo estaba espiritualmente sano pero fisicamente indispuesto (3 Juan 2).
Por último, el hecho de no ser sanado nos indica necesariamente falta de fe. Solamente cuando Dios nos ha dado una promesa especifica de que nos sanará, puede la fe reclamar esa sanidad. De otra manera, debemos encomendarnos a nuestro Señor vivo y amante y orar que se haga Su voluntad.
(Salmo 103:2-3b)
Uno de los nombres compuestos de Dios en el Antiguo Testamento es Jehova--Rafa, que significa "Yo soy Jehová tu sanador" (Éxodo 15:26b). Nos sana de toda clase de enfermedades y finalmente nos liberará para siempre de toda enfermedad.
Algunas veces nos sana por medio de los tremendos poderes de recuperación con los que ha dotado a nuestros cuerpos. Ésta es la razón por la que los doctores dicen con frecuencia: "casi todo va mejor por la mañana". A veces nos sana por medio de la medicina y la cirugía. Dubois, el famoso médico francés, decía: "El cirujano venda la herida; Dios la sana". Otras veces nos sana milagrosamente. Lo sabemos porque así lo afirman los Evangelios y por la experiencia personal.
Sin embargo, no es siempre la voluntad de Dios que sanemos. Si así fuera, algunos jamás envejecerian ni moririan. Pero tarde o temprano todos moriremos, hasta que el Señor venga. Dios no quitó la aflicción física de Pablo pero le dio gracia para soportarla (2 Corintios 12:7-10).
En un sentido general, todas las enfermedades son resultado del pecado. En otras palabras, si nunca se hubiera cometido ningún pecado, no habría ninguna enfermedad. En ocasiones la enfermadad es resultado directo del pecado en la vida de una persona. Por ejemplo, el alcoholismo en ocasiones provoca enfermedades en el hígado, fumar a veces produce cáncer, la inmoralidad sexual a menudo causa enfermedades venéreas y la preocupación hace que salgan úlceras. Pero no todas las enfermedades son resultaod directo del pecado. Satanás le provocó a Job serías enfermedades (Job 2:7) y no obstante, Job era el hombre más justo de la tierra (Job 1:8; 2:3). Hizo que una mujer desconocida fuera afligida con encorvamiento de la columna vertebrar muchos años (Lucas 13:11-17), e hizo surgir un aguijón en la carne de Pablo (2 Corintios 12:7). En (Juan 9:2-3), el pecado pudo no haber sido la causa de que aquel hombre naciera ciego. Epafrodito estaba gravemente enfermo pero no a causa del pecado, sino a causa de su servicio incansable para el Señor (Filipenses 2:30). Gayo estaba espiritualmente sano pero fisicamente indispuesto (3 Juan 2).
Por último, el hecho de no ser sanado nos indica necesariamente falta de fe. Solamente cuando Dios nos ha dado una promesa especifica de que nos sanará, puede la fe reclamar esa sanidad. De otra manera, debemos encomendarnos a nuestro Señor vivo y amante y orar que se haga Su voluntad.
martes, 20 de noviembre de 2018
Devociones: "¿Cómo orar? ".
"También les refirió Jesús unas parábolas sobre la necesidad de orar, y no desmayar".
(Lucas 18:1)
"Perseverar en la oración, velando en ella con acción de garcias".
(Colosenses 4:2)
"Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre".
(Mateo 6:6)
Para orar es preferible estar en un lugar tranquilo, pero podemos orar en todo tiempo y en todo lugar, ¡Nos dirigimos a Dios! Él está ahí, a nuestro lado, como un Padre que nos escucha. Hablémosle en voz alta o interiormente, a nuestra manera, de forma sencilla. Oremos desde lo más profundo de nuestro interior, con sinceridad, pues es necesario que la oración venga del corazón.
La oración no consiste en enumerar una lista de necesidades espirituales o materiales. se trata más bien de un dioálogo en una relación de confianza con mi Dios, mi Padre. La oración puede tener diferentes caracteres, según lo que expreso a Dios. Podemos:
---adorar al reconocer la grandeza de Dios en la naturaleza, y aún mucho más en la obra de Jesucristo;
---reconocer nuestros pecados y confesarlos sin ocultar nada;
---darle las gracias por todo lo que el Señor nos da, incluso lo que parece natural;
---pedir expresando con simplicidad nuestras necesidades, nuestras procupaciones;
---interceder por los demás;
---escuchar las respuestas de nuestro Dios. No es que nos hable de forma audible, sino que el Espiritu Santo "habla" a la mente del cristiano, en la tranquilidad de esos momentos de intercambio con Él. Dios también nos habla, y sobre todo mediante veraículos de la Biblia que pueden venir a nuestra memoria o, por supuesto, cuando la leemos.
(Lucas 18:1)
"Perseverar en la oración, velando en ella con acción de garcias".
(Colosenses 4:2)
"Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre".
(Mateo 6:6)
Para orar es preferible estar en un lugar tranquilo, pero podemos orar en todo tiempo y en todo lugar, ¡Nos dirigimos a Dios! Él está ahí, a nuestro lado, como un Padre que nos escucha. Hablémosle en voz alta o interiormente, a nuestra manera, de forma sencilla. Oremos desde lo más profundo de nuestro interior, con sinceridad, pues es necesario que la oración venga del corazón.
La oración no consiste en enumerar una lista de necesidades espirituales o materiales. se trata más bien de un dioálogo en una relación de confianza con mi Dios, mi Padre. La oración puede tener diferentes caracteres, según lo que expreso a Dios. Podemos:
---adorar al reconocer la grandeza de Dios en la naturaleza, y aún mucho más en la obra de Jesucristo;
---reconocer nuestros pecados y confesarlos sin ocultar nada;
---darle las gracias por todo lo que el Señor nos da, incluso lo que parece natural;
---pedir expresando con simplicidad nuestras necesidades, nuestras procupaciones;
---interceder por los demás;
---escuchar las respuestas de nuestro Dios. No es que nos hable de forma audible, sino que el Espiritu Santo "habla" a la mente del cristiano, en la tranquilidad de esos momentos de intercambio con Él. Dios también nos habla, y sobre todo mediante veraículos de la Biblia que pueden venir a nuestra memoria o, por supuesto, cuando la leemos.
viernes, 16 de noviembre de 2018
Devociones: "No tentarás al Señor tu Dios".
"No tentarás al Señor tu Dios".
(Mateo 4:7)
¿Qué significa tentar al Señor? ¿Es algo de lo que podemos ser culpables?. Los hijos de Israel tentaron al Señor al quejarse de la falta de agua en el desierto (Éxodo 17:7). Cuando dijeron: "¿Está, pues, Jehová entre nosotros, o no? " dudaron no sólo de Su presencia divina sino también de Su cuidado providencial para con ellos.
Satanás tentó al Señor cuando lo desafió a que saltara desde el pinaćulo del Templo (Lucas 4:9-12). Jesús habría tentado a Dios el Padre si hubiera actuado así, porque habría ejecutado un truco publicitario, algo que estaba fuera de la voluntad del Padre.
Los fariseos tentaron al Señor cuando le preguntaron si era lícito dar tributo al César (Mateo 22:15-18). Pensaron que fuese cual fuese Su respuesta, tomaría partido por los romanos o por aquellos judíos que eran violentamente antiromanos.
Safira tentó al Espíritu del Señor al pretender dar la garantia completa de la venta de una propiedad al Señor, cuando en realidad retuvo una parte para ella (Hechos 5:9).
Pedro dijo al concilio de Jerusalén que sería tentar a Dios el poner a los creyentes gentiles bajo la ley, un yugo que el pueblo judío mismo no había podido llevar (Hechos 15:10).
Tentar a Dios es: "ver cuán lejos se puede ir sin ser juzgados, abusar o presumir de Su misericordia, ver si cumplirá Su Palabra o se extenderá hasta los límites del juicio (comp. Deuteronomios 6:16; Mateo 4:7)".
Tentamos a Dios cuando murmuramos o nos quejamos, porque al hacerlo estamos dudando de Su presencia, poder o bondad. Estamos diciendo que no conoce nuestras circunstancias, que no le importan o que no es capaz de librarnos.
tentamos a Dios cuando nos exponemos innecesariamente al peligro y esperamos que nos rescate. A menudo leemos de creyentes equivocados que manipulan serpientes venenosas y mueren como resultado. Su argumento consiste en decir que Dios ha prometido seguridad (Mateo 16:18), "Tomarán serpientes en sus manos". Pero esto fue planeado para justificar cada vez que ejecutamos un milagro sólo cuando sea necesario para llevar a cabo Su voluntad en y por medio de nosotros.
Tentamos a Dios cuando le mentimos, al profesar una mayor dedicación, sacrificio y compromiso del que realmente deseamos dar. así como los fariseos tentaron a Cristo con su hipocresía, así lo tentamos con la nuestra.
Finalmente tentamos a Dios cada vez que nos salimos de la esfera de Su voluntad para nosotros y actuamos obstinadamente. Es inaudito que una criatura dese o se atreva a su Creador o que un pecador insulte a su Salvador.
(Mateo 4:7)
¿Qué significa tentar al Señor? ¿Es algo de lo que podemos ser culpables?. Los hijos de Israel tentaron al Señor al quejarse de la falta de agua en el desierto (Éxodo 17:7). Cuando dijeron: "¿Está, pues, Jehová entre nosotros, o no? " dudaron no sólo de Su presencia divina sino también de Su cuidado providencial para con ellos.
Satanás tentó al Señor cuando lo desafió a que saltara desde el pinaćulo del Templo (Lucas 4:9-12). Jesús habría tentado a Dios el Padre si hubiera actuado así, porque habría ejecutado un truco publicitario, algo que estaba fuera de la voluntad del Padre.
Los fariseos tentaron al Señor cuando le preguntaron si era lícito dar tributo al César (Mateo 22:15-18). Pensaron que fuese cual fuese Su respuesta, tomaría partido por los romanos o por aquellos judíos que eran violentamente antiromanos.
Safira tentó al Espíritu del Señor al pretender dar la garantia completa de la venta de una propiedad al Señor, cuando en realidad retuvo una parte para ella (Hechos 5:9).
Pedro dijo al concilio de Jerusalén que sería tentar a Dios el poner a los creyentes gentiles bajo la ley, un yugo que el pueblo judío mismo no había podido llevar (Hechos 15:10).
Tentar a Dios es: "ver cuán lejos se puede ir sin ser juzgados, abusar o presumir de Su misericordia, ver si cumplirá Su Palabra o se extenderá hasta los límites del juicio (comp. Deuteronomios 6:16; Mateo 4:7)".
Tentamos a Dios cuando murmuramos o nos quejamos, porque al hacerlo estamos dudando de Su presencia, poder o bondad. Estamos diciendo que no conoce nuestras circunstancias, que no le importan o que no es capaz de librarnos.
tentamos a Dios cuando nos exponemos innecesariamente al peligro y esperamos que nos rescate. A menudo leemos de creyentes equivocados que manipulan serpientes venenosas y mueren como resultado. Su argumento consiste en decir que Dios ha prometido seguridad (Mateo 16:18), "Tomarán serpientes en sus manos". Pero esto fue planeado para justificar cada vez que ejecutamos un milagro sólo cuando sea necesario para llevar a cabo Su voluntad en y por medio de nosotros.
Tentamos a Dios cuando le mentimos, al profesar una mayor dedicación, sacrificio y compromiso del que realmente deseamos dar. así como los fariseos tentaron a Cristo con su hipocresía, así lo tentamos con la nuestra.
Finalmente tentamos a Dios cada vez que nos salimos de la esfera de Su voluntad para nosotros y actuamos obstinadamente. Es inaudito que una criatura dese o se atreva a su Creador o que un pecador insulte a su Salvador.
martes, 13 de noviembre de 2018
Devociones: "Por cuanto no se ejecuta luedo sentencia sobre la mala obra.....".
"Por cuanto no se ejecuta luego sentencia sobre la mala obra, el corazón de los hijos de los hombres está en ellos dispuesto para hacer el mal"
(Eclesiatés 8:11)
Mientras escribo esto, hay una gran ola de indignación pública por la alta tasa de crímenes en nuestro país. La gente exige ley y orden. Parece que nuestras leyes tribunales favorecen al criminal, mientras que las victorias del crímen reciben escasa o ninguna reparación. Son interminables los casos que pasan por las cotes y con mucha frecuencia abogados criminales ganan sus casos por medio de escapatorias absurdas en el contexto de la ley.
Contribuyendo al desorden general están las declaraciones pontificiales de los sociológos liberales, psiquiatras y otros supuestos "expertos". Insisten en que la pena capital es irrazonable e inhumana. Declaran que el temor al castigo no sirve para disuadir a los criminales y sugieren que la solución está en rehabilitarlos y no en castigarlos.
Pero están equivocados. Cuanto más confiado está un hombre de que no será castigado, más fácilmente recurrirá al crimen. O si ve que la sentencia es leve se sentirá alentado una vez más a correr el riesgo de ser pillado. O si piensa que el juicio va a prolongarse indefinidamente, se envalentonará y a pesar de lo que digan, la sentencia de muerte sí que actúa como una fuerza de disuación.
Al analizar el creciente índice de criminalidad, una conocida revista de noticias decía que "una de las razones es la carencia de un fuerte disuasivo del sonado sistema judicial americano. Todas las autoridades están de acuerdo en que para que la amenaza de castigo sea creíble, debe ser segura y rápida. Desafortunadamente, el sobrecargado sistema judicial de los EE.Uu. no es seguro ni rápido".
"Un experto en criminología declaró recientemente que por cada hombre virtuoso por amor a la virtud, 10.000 son buenos porque temen al castigo. Isaac Ehrlich de la Universidad de Chicago dio estadísticas que mostraban que la noticia acerca de la ejecución de un asesino impide que se cometan 17 asesinatos". La reforma y la rehabilitación no son la,respuesta. Han fallado consistentemente tratando de cambiar a los hombres. Sabemos que solamente el nuevo nacimiento por medio del Espíritu de Dios puede transformar en santo a un pecador. Pero lamentablemente son pocas las autoridades, relativamente hablando, que aceptarían esto para ellos mismos o para sus prisioneros.
Siendo este el caso, lo mejor que pueden hacer es tomar muy seriamente el versículo de hoy. "Por cuanto no se ejecuta luego sentencia sobre la mala obra, el corazón de los hijos de los hombres está en ellos dispuesto para hacer el mal". No será sino hasta que el castigo se imponga con rapidez e imparcialidad que veremos un descenso en las estadísticas del crimen. La solución está ahí, en la Biblia, si los hombres solamente la aceptaran.
(Eclesiatés 8:11)
Mientras escribo esto, hay una gran ola de indignación pública por la alta tasa de crímenes en nuestro país. La gente exige ley y orden. Parece que nuestras leyes tribunales favorecen al criminal, mientras que las victorias del crímen reciben escasa o ninguna reparación. Son interminables los casos que pasan por las cotes y con mucha frecuencia abogados criminales ganan sus casos por medio de escapatorias absurdas en el contexto de la ley.
Contribuyendo al desorden general están las declaraciones pontificiales de los sociológos liberales, psiquiatras y otros supuestos "expertos". Insisten en que la pena capital es irrazonable e inhumana. Declaran que el temor al castigo no sirve para disuadir a los criminales y sugieren que la solución está en rehabilitarlos y no en castigarlos.
Pero están equivocados. Cuanto más confiado está un hombre de que no será castigado, más fácilmente recurrirá al crimen. O si ve que la sentencia es leve se sentirá alentado una vez más a correr el riesgo de ser pillado. O si piensa que el juicio va a prolongarse indefinidamente, se envalentonará y a pesar de lo que digan, la sentencia de muerte sí que actúa como una fuerza de disuación.
Al analizar el creciente índice de criminalidad, una conocida revista de noticias decía que "una de las razones es la carencia de un fuerte disuasivo del sonado sistema judicial americano. Todas las autoridades están de acuerdo en que para que la amenaza de castigo sea creíble, debe ser segura y rápida. Desafortunadamente, el sobrecargado sistema judicial de los EE.Uu. no es seguro ni rápido".
"Un experto en criminología declaró recientemente que por cada hombre virtuoso por amor a la virtud, 10.000 son buenos porque temen al castigo. Isaac Ehrlich de la Universidad de Chicago dio estadísticas que mostraban que la noticia acerca de la ejecución de un asesino impide que se cometan 17 asesinatos". La reforma y la rehabilitación no son la,respuesta. Han fallado consistentemente tratando de cambiar a los hombres. Sabemos que solamente el nuevo nacimiento por medio del Espíritu de Dios puede transformar en santo a un pecador. Pero lamentablemente son pocas las autoridades, relativamente hablando, que aceptarían esto para ellos mismos o para sus prisioneros.
Siendo este el caso, lo mejor que pueden hacer es tomar muy seriamente el versículo de hoy. "Por cuanto no se ejecuta luego sentencia sobre la mala obra, el corazón de los hijos de los hombres está en ellos dispuesto para hacer el mal". No será sino hasta que el castigo se imponga con rapidez e imparcialidad que veremos un descenso en las estadísticas del crimen. La solución está ahí, en la Biblia, si los hombres solamente la aceptaran.
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