jueves, 10 de septiembre de 2015

Devociones: "Dios también disciplina".

Yo soy un fiel defensor que Dios es puro amor y misericordia, se hecho en cada mensaje que escribo trato de reflejar a Dios como ese Dios de amor, gracia y misericordia, pero eso no significa que en momento determinado ese mismo Dios lleno de Amor también por el mismo amor que nos tiene nos discipline.
     La Biblia dice: "Hijo mío, no rechaces la disciplina del Señor ni te enojes cuando te corrige. Pues el Señor corrige a los que ama, tal como un padre corrige al hijo que es su deleite". (Proverbios 3:11-12). En pocas palabras Dios también puede corregirte y esa corrección a veces puede ser dolorosa y puede causar que nos enojemos o a veces la rechacemos, pero si Dios nos va a disciplinar o a corregir siempre será por nuestro bien.
   Yo tengo dos hijos, su comportamiento es ejemplar, pero aun con su buen comportamiento a veces he tenido que disciplinarlos, quizá no con golpes o varas, pero si con ciertas prohibiciones que me han dolido en el corazón hacerlo, pero que lo he soportado por amor a ellos, para que sean unos hombres de bien en el futuro.
    No voy a dudar que siempre  que corrijo a mis hijos en algo, me duele el corazón como no tienen una idea, es que los amo tanto que no quisiera tomar ciertas decisiones, pero comprendo al mismo tiempo que si no lo hago lejos de hacerles un bien, les hare un mal y no estaré cumpliendo con mi papel de padre. Así que aunque me duele y no quisiera hacerlo a veces tengo que disciplinar o corregir a mis hijos, quizá ellos no lo entiendan y lloren en algunas ocasiones, pero sé que ese momento de corrección quedara en sus mentes para que la próxima vez que hagan algo indebido piensen en la consecuencia que tendrá.
    Pienso que ha Dios quizá le duela a veces corregimos de formas que nosotros sentimos que son fuertes, pero aun con el dolor de su corazón lo hace, porque sabe que es lo mejor para nosotros, porque sabe que hay limites y que esos limites al ser sobrepasados pueden llevarnos a la perdición, por eso Dios, aunque no quisiera hacerlo, nos corrige o nos disciplina y lo hace por amor, por nuestro bien, por un mejor futuro para nosotros.
   Quizá las últimas semanas has sentido la corrección de Dios en tu vida, quizá ibas rumbo al camino equivocado y has sentido como Dios ha tensado la cuerda con la  que te tiene amarrado para no dejarte ir lejos del limite establecido. Como dice la Palabra: "Con lazos de ternura, con cuerdas de amor, los atraje hacía mí; los acerqué a mis mejillas como si fueran niños de pecho; me incliné a ellos para darles de comer" (Oseas 11:4).
    Paradójicamente deberiamos sentirnos contentos cuando Dios nos corrige o nos disciplina, porque cuando lo hace esta mostrando interés por nosotros y nos está preparando para ser mejores hijos de Él.
     No te resistas con Dios por su disciplina, no pienses que no te ama solo porque a veces te corrige, y si la corrección o disciplina del Señor duele, entonces Mejor, porque estoy seguro que la próxima vez que vayas rumbo al camino equivocado recordarás la corrección que recibiste del Señor la última vez que decidiste de esa misma forma.
     Si hay alguien que realmente te ama, ese es DIOS, y Él hará cualquier cosa para hacer de ti una persona de bien, un bueno hijo de Él, alguien que refleje la imagen de Dios en su vida y si lo que se necesita para ello es corrección o disciplina, entonces no lo pensara dos veces, lo hará porque en primer lugar sabe que eres lo suficientemente fuerte para soportarla y segundo porque esa disciplina o corrección te hará tanto bien que no volverás a ser el msmo.

  ¡Acepta la disciplina del Señor tanto como aceptas su Amor Incomparable!.

miércoles, 9 de septiembre de 2015

Devociones: "Dios se asombró".

"Al oírlo Jesús, se maravilló, y dijo a los que le seguían: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe".
                                         (Mateo 8:10)

    No sabemos su nombre, tampoco conocemos sus facciones, aunque lo imaginamos fornido, de biceps prominentes, triceps ondulantes y abdomen de lavadero. Vestia una túnica corta de color blanco, una armadora de corta de malla, un cinturón que rodeaba la túnica por la cintura, protección en las piernas, sandalias claveteadas, un casco con una cresta roja que cruzaba literalmente su cabeza, y una espada corta en el lado izquierdo, conforme a la costumbre de los centuriones romanos de aquella época.
    Estaba acostumbrado a dar órdenes, pero esta vez viene para hacer una petición. Por tradición, los romanos desprecian a los pueblos conquistados, pero llama "Señor" a este judío Jesús. Usualmente debía ser adusto e implacable, pero ahora ruega. Todo ocurre a la entrada de Capernaum, después que Jesús sanara a un leproso. Se posponen los protocolos que establecian la costumbre romana y los largos saludos judíos. La razón para ello cae por su propio peso cuando el centurión le dice al Maestro: "Señor, mi criado está postrado en casa, paralítico, garvemente atormentado" (Mateo 8:6). Jesús responde raudo y misericordioso: "Yo iré y le sanaré" (Mateo 8:7). Pero su interlocutor se niega, argumentando que no es digno de que Jesús entre en su hogar y que con una sola palabra de autoridad suya podría anular la enfermedad. Dios entonces se maravilla, la divinidad echa carne se asombra ante la fe de un gentil. En efecto, da la orden y el criado sana, ya anda por sus pies y goza de ánimo y salud. Dios actuó a causa de la fe osada de un hombre común y corriente. Su historia nos alecciona todavía hoy.
     Las preguntas son ¡nevitables ¿En qué manera nos estamos acercando a Dios? ¿Es nuestra fe enjuta, o robusta? ¿Es Jesús para nosotros alguien inaccesible y distante, o cercano y bondadoso? En la práctica ¿cuáles son las respuestas verdaderas a estas interrogantes? Cuando examino cómo me he comportado algunas veces ante Dios me pregunto si lo he asombrado con mi fe, o lo he incomodado con mi incredulidad. Leo la historia del centurión romano y me desafian sus convicciones. Me comparo con él y quiero imitar su ejemplo.
    Quiero ir a Jesús sabedor de que todas mis necesidades están cubiertas por su gracia infinita. Ir a su presencia sin preámbulos autoimpuestos, sin prejuicios religiosos, o presuposiciones teológicas acerca de una Divinidad demasiado ocupada para atenderme. Acercarme sin otra credencial que mi fe, y sin otro recurso que mi humillación. Venid ante su presencia elogiando su autoridad, validando con mis palabras su poder y reconociendo el poderoso alcance de su generosidad.
  
  Rechazo cualquier actitud de timidez espiritual. Me niego a sucumbir ante las circunstancias poco prometedoras. Quiero estar ante Jesús con una fe osada que reposa en sus promesas imperecederas. Quiero ir por la vida con una certeza inmutable de que Dios me favorece y se agrada de mi, aunque no lo merezco. Quiero ser más audaz, para asír aquello que por la misericordia de Dios puedo obtener. Una fe así de fervorosa, una determinación innegotable, un andar seguro en Cristo, eso es lo que asombra a Dios y nada debe detenernos en el empeño honroso de lograrlo.

martes, 8 de septiembre de 2015

Devociones:"Demasiado pronto para desistir".

"Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma" (Hebreos 10:39).

   Cuando mi familia y yo  decidimos salir de Cuba hacia España como misioneros, el presidente de nuestra Organización, el Reverendo Héctor Hunter Writt, se reunió con nosotros. Tuvimos una grata charla, donde recibimos consejos necesarios entremezclados con vivencias extraordinarias. Entre anécdotas y oraciones trascurrió aquella velada que quedara en mi memoria por siempre. En la despedida, mientras me estrechaba la mano, me miró a los ojos y me dijo con la vehemencia de un profeta: "Nunca coseches en lágrimas lo que sembraste en fe". Agradecí el último consejo y me lo traje conmigo al campo de servicio.
   He tenido que recurrir a estas palabras en muchas ocasiones, cuando las apreturas propias de los comienzos, las culturas en contraposición y los desafíos del ministerio han amenazado con sobrepasarme. Como cualquier otro soldado he tenido mis dudas sobre si podía ganar cierta batalla y he terminado comprobando que solo persistiendo se puede vencer. El doctor V. Raydmon Edman solía decir: "Es siempre demasiado pronto para abandonar". Tenía razón. Solo la audacia humanamente irracional de obedecer a Dios puede llevarnos a alcanzar los logros que por los que antes hemos intercedido.
    Martín Lutero escribió: "La fe es una confianza y osada en la gracia de Dios". Si vamos ha realizar algo para Dios es necesario que esa fe esté elevada como un estandarte, como una insignia que defina lo que somos y a quién servimos. No una fe en la fe. No la quimérica idea de que la fe cambiará todo a gusto y capricho del profesante. No Me refiero a una fe ambidiestra, que sabe aceptar lo malo y lo bueno con igual entereza de carácter. Una fe que duerme entre guijarros y acciona valientemente cuando se le necesita. Una fe en la gracia de Dios, en ese favor divino que nos otorga todas las cosas "según el puro afecto de Su voluntad" (Efesios 1:5).
   Los horizontes de Dios parecen alejarse en la medida que avanzamos hacia ellos, pero no es así, solo es un espejismo frecuente que tiene lugar en los desiertos de la vida. No reparemos demasiado en las arenas movedizas ni descansemos hasta el infinito en los oasis, sigamos avanzando con paso seguro. Las trifulces espirituales serán frecuentes (Efesios 6:12), los enemigos intebtarán anularte solapada y astuatmente, y la posibilidad del tropiezo inesperado será un peligro constante. Al fin y al cabo: "La vida cristiana victoriosa". escribió Alexander Whyte, "es una serie de comienzos".
   La agonia de la incertidumbre no puede hacerte su presa a menos que se lo permitas. No somos los perseguidos, sino los perseguidores. Debemos cultivar una mentalidad de avanzada. Los cristianos son como las avalanchas de nieve, una vez que salen nada las puede parar y arrollan a todo obstáculo que se le interponga. Dígale a una avalancha que se detenga y verá que no lo hará. Los cristianos no deben prestar oídos a las órdenes que contravengan las directrices de Dios. Vamos adelante "aunque sea removida, y se traspasen los montes al corazón del mar" (Salmos 46:2).

   Claudicar no es una opción, no es un camino aceptable para los que han puesto su devoción plena en el Señor Jesucristo. No desestimamos al adversario, ni ignoramos las empinadas colinas, las escarpadas subidas, o los sinuosos senderos. Somos sabedores de todo ello y  aun así seguimos adelante con la obstinación de un guerrero que no puede volver a su patria sin luchar hasta la sangre. Ah, la patria, la morada eternal, allí donde no haber desistido recibirá remuderado consuelo.  

lunes, 7 de septiembre de 2015

Devociones:"Del lado ganador".

Es maravillosa las formas en las que Dios actúa, pues a pesar que los años pasan no deja de sorprendernos. Leer en la Biblia al Dios que creo todo lo que podemos ver, al Dios que abrió el mar en dos para que su pueblo lo atravesare o al Dios que derribo unos muros humanamente impenetrables como lo eran los muros de Jericó me hace pensar que Él puede utilizar cualquier método para llevar a cabo su plan perfecto sobre nuestra vida.
   A veces se nos olvida que estamos bajo las alas de un DIOS OMNIPOTENTE, a veces las situaciones de la vida nos llevan a pensar o creer que todo se esta viniendo abajo y se nos olvida que el que está con nosotros es más PODEROSO que cualquier problema que se nos presenta.
   La Biblia dice: "¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?" (Romanos 8:31). En pocas palabras nos recuerda que no hay nada que temer, porque si Dios esta de nuestro lado, ¿Qué puede ser más poderoso que Él, todo lo demás se reduce a nada, cuando Dios se pone al frente de nosotros. También dice la Biblia: "Jehová está conmigo; no temeré lo que me pueda hacer el hombre". (Salmos 118:6).
    Lo que muchas veces nos falta es recordar de que lado estamos, nosotros siempre estamos del lado ganador, porque Dios nunca ha perdido una batalla.
    Dios en poderoso en la batalla: "¿Quién es este Rey de gloria? Jehová el fuerte y valiente, Jehová el poderoso en batalla". (Salmos 24:8). Leer su Palabra me hace entender que pase lo que pase no vamos a perder la batalla, quizá en momentos nos sintamos derrotados, pero lo que sintamos no necesariamente será lo que realmente esta pasando, pues Dios es quien tiene siempre la última palabra y por lo general siempre nos sorprende con acciones extraordinarías.
     Este día quiero recordarte que ESTÁS DE LADO GANADOR, que si Dios esta de tu lado no hay nada que temer, venga lo que venga, pase lo que pase, Dios te sostendrá con su mano poderosa, no dejará que te rindas porque Él te infundirá el aliento necesario para seguir adelante.
      Cuando los deseos de rendirte vengan a tu vida, recuerda que estas del lado ganador, del lado del Señor y que Dios no tardará en realizar la acción necesaría para sacarte de cualquier situación difícil que te encuentres, Él vela por tu bienestar,no desmayes,no dudes,no cuestiones,solamente cree, confía  pero sobre todo reconoce que estas en el lado ganador, en el ejercito de Dios.
   En los momentos de franqueza es cuando Dios quiere ver en ti la fe que tienes para creer en que todo saldrá bien, porque si de algo debes estar seguro como dice su Palabra: "Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados" (Romanos 8:28).

                   ¡ADELANTE! ¡ESTÁS EN EL LADO GANADOR! 

viernes, 4 de septiembre de 2015

Devociones "Con los brazos abiertos".

Los brazos abiertos generalmente son símbolos de entrega. de brindarse; de intención, del ofrecimiento de un abrazo o esperar la respuesta de uno. Pero el gesto, sin importar la dirección ni el objeto afectivo siempre lleva implicito el hecho de darse a sí mismo sin reservas. Un abrazo es capaz de trasmitir lo que no trasmite un beso, una caricia u otras expresiones afectivas. Un abrazo  es profundo, es acercar el alma a la del otro. Poner corazón con corazón. Inspira seguridad, sensación de protección, cercania.
    Como seres humanos y creyentes, necesitamos el amor. Si necesitamos tanto brindar como recibir amor, también necesitamos un abrazo. Un abrazo comienza, se ofrece, se demanda, se revela su intención, con un gesto inicial: los brazos abiertos. Un bebé lo sabe instintivamente. Abre sus bracitos cuando necesita el cálido y protector abrazo, la cercanía de papá o mamá.
    Inclusive hay quienes ven en un abrazo un inicio, también la culminación, el término de algo. La última vez que un amado amigo que vive a unos 1.000 Km. de mi lugar de residencia estuvo en casa , cuando nos encontramos nos confundimos en un cálido y emocionado abrazo. El inicio. Cuando llegó el momento de su regreso a casa, de la despedida, fue otro tanto. Un emocionado abrazo. La financiación. Esto es válido en todos los órdenes de la vida. Y con Nuestro Amado Señor, las cosas no fueron muy diferentes.
    En una representación navideña podemos ver al niñito. Jesús en un pesebre recostado en su improvisada cunita junto a María y José, con sus bracitos abiertos.
   Me emociona pensar y me llena de gratitud, en que Jesús se presentó a este mundo, ante los pastores de la región que acudieron al llamado del ángel, con sus brazos abiertos. Cuando terminó sus días sobre esta tierra, también lo hizo con sus brazos abiertos, pero esta vez sobre el amdero de la cruz.
    Un comienzo. Sus pequeños bracitos abiertos revelando intención de amor y entrega sin reservas. El abrazo de un tierno niñito recostado en un pesebre que nacía en este mundo trayendo vida donde la muerte había establecido su reino, para brindar luz en la oscuridad.
   Un final. Una entrega absoluta e incondicional a una muerte cruenta de cruz. Brazos abiertos en un simbólico abrazo a la pobre humanidad y un "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen". (Lucas 23:34).

                      AMADO SEÑOR JESÚS.......GRACIAS

   Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.
                                    (1 Juan 2:1-2) 

jueves, 3 de septiembre de 2015

Devociones:"Ayúdame Señor".

Sentimientos encontrados gobiernan en este momento tu vida, no sonríes porque no hay una razón para hacerlo, pero sí muchas para estar preocupado, cargado y quizá hasta sin fuerzas.
    Sientes que has tocado fondo, sientes que estas en una de las más difíciles etapas de tu vida, vez como todo se pone peor cada vez y realmente tu fe de a poco se ha ido reduciendo.
    Vez como los problemas se presentan a tu vida uno tras otro, has llegado a pensar que tienes como un imán para ellos, y aunque salgas de uno pronto a parece otro y llega un momento en donde quisieras huir, desaparecer hacia algún lado o simplemente olvidarte de todo, pero sabes que esa no es la solución.
    A veces se toca fondo por nuestras recurrentes malas decisiones, porque sabiendo la teoría de lo bueno terminamos haciendo lo malo, porque sabiendo las consecuencias de nuestras acciones terminamos de todas formas haciendo lo que no tenemos que hacer.
  Quizá hoy te encuentras en un momento muy difícil, con sentimientos negativos embargando tu ser, con pensamientos de derrota peleándose por tu mente, con un sentir en tu pecho de que las cosas no están como te gustaria que estuviesen y quizá en un momento de reflexión al darte cuenta de todo lo que te esta rodeando y lo que estas haciendo al respecto, solo puedes pronunciar un: ¡Ayúdame Señor!.
   A veces al analizar todo en nuestra vida llegamos a la sabia conclusión que NECESITAMOS LA AYUDA DE DIOS, pues hay cosas que solo el poder de Dios pueden cambiar.
  El salmista David decia: "Escúchame, Señor, y ten misericordia d emi, ayúdame, oh Señor". (Salmo 30:10). ¿Acaso Dios no lo escuchaba? Claro que si, pero en momentos difíciles creemos que no nos escucha porque tal vez no nos responde como quisiéramos, sin embargo Él esta al tanto de todo y aunque el salmista lo sabia no tenía reparo en orar de esa manera y aunque sabia que Dios lo había ayudado siempre, insistia en pedirle su ayuda, seguramente estaba pasando un episodio difícil en su vida cómo los que muchos de nosotros pasamos o estamos pasando.
   Allí donde estas, olvídate de todo lo que te rodea y habla con Dios.

                                       ¡DIOS ES QUIEN TE AYUDA!  

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Devociones: "Allá muy lejos en monomotapa".

"El hombre que tiene amigos ha de mostrarse amigo; y amigo hay más unido que un hermano" 
                                          (Proverbios 18:24)

    Cuando salí de Cuba para ser misionero en España, tuve que dejar atrás la mayor parte de mi biblioteca. Quedamos allá cientos de libros de gran valía, marcados con fluorescentes de distintos colores y llenos de anotaciones surgidas de la meditación de muchas horas de lectura. Como albacea, dejé a mi hermana, quien celosamente los guarda como si se tratara de la Biblioteca de Alejandría. Pienso en aquellas lecturas de cuando en cuando. Llegan a mi memoria trozos de este libro y de aquel otro. Me recuerdo de verdades que descubrí o reafirmé mientras pasaba la vista por todas esas páginas. Dios usa todo ello para mi edificación y provecho espiritual. Esta mañana, la remembraza de una de esas lecturas me atrapó y me hizo pensar en un importante tema: la amistad.
   Fue hace muchos años cuando leí las fábulas de La Fontaine. Sus historias aleccionadoras nos recuerdan a Esopo, y sus moralejas sentenciosas nos traen a la memoria los Proverbios de Salomón. Hay una historia que se titula "Los dos amigos" y que comienza así: "Allá, muy lejos en Monomotapa, había dos amigos verdaderos. Todo lo que poseían era común entre ellos. Esos son amigos; no los de nuestro país". El relato continúa exaltando la nobleza de una amistad que es capáz de cualquier cosa en bien del otro. Por una parte, uno de los amigos sueña que el otro estaba triste y en medio de la noche, sin siquiera pensarlo dos veces, se viste y va a su castillo. Cuando su amigo es despertado por el ruido y ve quién es, toma dinero y sus armas para socorrer al amigo que, a decir por la hora, tiene, o necesidad de dinero, o de defensa de algún enemigo. La Fontaine encumbra la solicitud d ela amistad de estos hombres, que ya fuere un sueño o una apreciación, era más que suficiente para estar a la orden del otro. "Oh, que gran cosa es un buen amigo. Investiga vuestras necesidades y os ahorra la vergüenza de revelárselas: un ensueño, un presagio, una ilusión: todo lo asusta, si se trata de la persona querida".
    Este tipo de amistad no es solo cosa de fábulas. La Biblia habla de grandes amigos que se cuidaron  entre sí y dejaron un legado para las siguientes generaciones. La historia de David y Jonathan es una de las más excelente de todas. Cuando el hijo de David, Salomón, escribió algunos de sus proverbios sobre la amistad, posiblemente tenía en mente a su padre y al hijo de Saúl. El Predicador escribió: "En todo tiempo ama el amigo, y es como un hermano en tiempo de angustia". (Proverbios 17:17). ¿Es posible ese tipo de amistad hoy? ¿Se puede estar tan cerca de otro sin importar los tiempos que corren: las crisis, las desventuras, los personalismos, la egolatría, el afán, el espiritu de competencia, el ministerio centrismo y las megalomanías? ¿Es acaso la amistad solo un mito, una fábula? Claro que no.
 El apóstol Pedro escribió a la Iglesia: "Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables" (1 Pedro 3:8.9). 

  Una amistad leal, comprometida y trasparente no solo debe ocurrir en un país imaginario llamado Monomotapa, también debe existir en la vida real. Hoy no se cree mucho en estas cosas, pero no debe ocurrir lo mismo entre los que profesan conocer a Jesús. Sigamos el ejemplo de aquellos que se abrazaban en el circo romano protegiéndose unos a otros de los gladiadores y las fieras. Imitemos a los millones de mártires que por no delatar aun amigo dieron su vida por el evangelio. 
   Repitamos el comportamiento de nuestro Señor Jesús, quien nos enseñó que: "Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos" (Juan 15:13).