viernes, 9 de enero de 2015

Devociones: "¿Pecados privados? ".

El dolor de uno afecta a todo el cuerpo de Cristo,aunque decidamos ignorarlo.
(Josué 7:1).

        La manera particular en que se dio la toma de Jericó dejó un poderoso testimonio acerca del futuro que estaba al pueblo si caminaba de la mano del Señor. En el próximo capítulo, sin embargo, vemos a Israel derrotada y humillada por un adversario insignificante. 
       El pasaje de hoy, tomado del capítulo que relata la totalidad del lamentable episodio, nos ofrece la explicación por esta derrota: había pecado en el pueblo, y esto cortó en forma absoluta el obrar de Dios.
    Lo increíble de esta situación  es que era solamente un hombre el que había pecado. Acán, de la tribu de Benjamín, vio entre los despojos de Jericó un manto babilónico muy bueno, y doscientos siclos de plata, y un lingote de oro de peso de cincuenta siclos, lo cual codició y tomó (Josué 7:21). Dios, sin embargo, había dado especificas instrucciones acerca de la ciudad: Y será la ciudad anatema a Jehová, con todas las cosas que están en ella, pero vosotros guardaos del anatema; ni toquéis, ni toméis alguna cosa del anatema, no sea que hagáis anatema el campamento de Israel, y lo turbéis (Josué 6:17-18).
      Cuando alguno de nosotros pecamos, no pecamos solamente contra Dios, sino que también dañamos la relación con nuestros hermanos.
      Lo que nos llama la atención es que todo el pueblo sufriera las consecuencias de la falta de un solo hombre. Nuestro asombro revela cuan convencidos estamos de que el pecado es un asunto muy personal, algo entre nosotros y Dios. Esta historia nos presenta la más dramática y contundente evidencia de que no existe tal cosa como el "pecado privado". Todo pecado es una ofensa contra Dios y su pueblo, y tiene consecuencias más allá de nuestra propia vida.
    El ser parte del pueblo de Dios implica la existencia de vínculos espirituales que no dependen de nosotros. No existimos en forma aislada, tengamos o no una relación fluida con los demás. Cuando alguno de nosotros pecamos, no pecamos solamente contra Dios, sino que también dañamos la relación con nuestros hermanos, pues se interrumpe el accionar de Dios en nuestro medio, no solamente en mi vida. El pecado secreto es un asunto serio, porque afecta la vida de todas las personas que están relacionadas con esa persona, de la misma manera que el alcohólico trae miseria a todos los que conviven con él o ella. Aunque no veamos las consecuencias, los resultados de nuestras acciones no pueden ser detenidos.
Para pensar:
    Seguramente a esta realidad se refería Pablo, cuando decía que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él (1 Corintios 12:26). El concepto no es que debemos dolernos con el otro, sino que el dolor de uno afecta a todo el cuerpo, aunque escogemos ignorarlo. De la misma manera, el pecado tiene consecuencias comunitarias Saber esto le da un peso adicional al llamado a vivir en Santidad.    

jueves, 8 de enero de 2015

Devociones: "Cuestión de óptica".

El Señor no ve nuestras limitaciones como impedimento para sus planes.
(Jueces 6:12).

       Cuando Jehová se le presentó a Gedeón, este estaba totalmente desanimado. Hacía tiempo ya que los madianitas le amargaban la vida al pueblo de Dios. Saqueaban permanentemente las tierras de los Israelitas y se llevaban lo mejor de la cosecha. En ese mismo momento Gedeón estaba trabajando para esconder el trigo.
     Note el mercado contraste entre el saludo del ángel de Jehová y la respuesta de Gedeón. El ángel se refiere a él como "varón esforzado y valiente". Pero el joven Israelita no se sentía ni valiente ni esforzado. Al contrario, solamente podia pensar en que su familia era pobre y que él era  el último de la casa. Al igual que David, no sería la persona naturalmente escogida por la familia para cualquier proyecto importante. Estaba acostumbrado a que nadie le tomara en cuenta. Mirando, entonces, sus recursos, exclamó con toda naturalidad: ¿Y yo qué puedo hacer?
         He aquí uno de los misterios de la obra de Dios. Para tener éxito en los proyectos que él nos propone, no es importante cómo nos vemos, ni cómo nos sentimos. Lo importante es cómo nos ve Dios. Sara se veía como una vieja estéril, sin perspectivas ya de engendrar hijos. El Señor la veía como la madre de una multitud. Moisés se veía como un tartamudo, útil solamente para cuidar ovejas. El Señor lo veía como el hombre ideal para liberar al pueblo del yugo Egipto. Pedro se veía como un torpe pescador de Galilea lo veía como la roca, un líder con un rol clave en la formación de la nueva Iglesia veía en Saulo a un hombre dedicado a la persecución violenta de la Iglesia. El Señor veía a este hombre a un instrumento escogido para llevar el evangelio a los gentiles.
      ¿Cómo se ve usted, pastor? ¿Se ve como un pobre desdichado que tiene pocas capacidades y aun más, con menos recursos? ¿Cree usted que Dios lo ve de la misma manera? ¿Cómo le saludaría el ángel de Jehóvá si se le apareciera hoy?
    Tenga en cuenta que puede ser verdad que usted es pobre y tiene pocos recursos de los cuales echar mano. Gedeón era de veras miembro de una familia pobre. La dificultad no está en las condiciones que tenemos. El problema está en creer que mis condiciones y circunstancias limitan la actividad y los proyectos de Dios. El Señor no ve nuestra realidad como impedimento para sus planes, porque es él el que hace la obra, no nosotros. El ángel le dijo  a Gedeón: ve con esta tu fuerza. No le estaba pidiendo que busque más recursos, ni eche mano de tesoros que no poseía. Simplemente quería que pusiera su incapacidad en manos del Dios todopoderoso. Un siervo inútil en las manos de Dios, puede ser un arma poderosa por demás.
Para pensar:
     El Dr. Neil Anderson, en su libro Victoria sobre la oscuridad, escribe: "La razón por la cual tantos cristianos no están disfrutando de la madurez y la libertad que es parte de su herencia en Cristo es porque tienen percepciones de sí mismos erradas. No se ven como realmente son en Cristo. No se ven como Dios los ve, y como resultado sufren de una pobre autoimagen. No comprenden su verdadera identidad. Están identificados con el Adán equivocado".

miércoles, 7 de enero de 2015

Devociones: "Levántate".

Lo que se ve del mundo espíritual no puede ser comprendido ni aprendido por los sentidos. (Lucas 8:40-56).

       La narración del texto cita: "Pero él, tomándola de la mano, clamó diciendo: "Muchacha, levántate". Entonces su espíritu volvió, e inmediatamente se levantó; y él mandó que se le diera de comer. La expresión "pero él" indica claramente que Cristo optó por actuar contrariamente a las reacciones narradas en el versículo anterior. ¿Y cuáles eran estas? Precisamente que la gente se burlaba de él, porque les había afirmado que en realidad la muchacha dormía.
    A pesar de las burlas, Jesús decidió proseguir con la obra que el Padre había preparado delante de él. Esta es, también, una de las características que marcan la diferencia entre el líder de impacto y la persona que simplemente ocupa un puesto. El líder no acoge el desánimo, aunque lo rodeen personas que ridiculicen o desaprueben la obra que anuncia hacer. Sus decisiones no están basadas en el nivel de reconocimiento que le otorgan los demás, el cual constituye la base sobre la que se edifica la popularidad. Mas bien está fuertemente convencido de que su tarea la realiza por órdenes de su Padre celestial, y esta le otorga una firmeza inusual frente a la falta de apoyo.
     El relato indica que Cristo tomó a la niña de la mano. Gesto que señala el corazón tierno y pastoral del que ministra. En estos días se ha hecho popular en muchos círculos el ministerio masificado, donde se ministra desde la "distancia" que el ministro impone el estar arriba de la plataforma. No debemos olvidar, sin embargo, que estamos tratando con seres humanos que requieren, sobre todo, demostraciones de cariño y respeto. Con absoluta sencillez Jesús le dijo a la muchacha que se levantara. Impacta la falta de sofisticación en su lenguaje, la ausencia de grandes frases y discursos previos al momento de la ministración. Este es, verdaderamente, el camino de los niños, sencillo y sin rodeos. Como resultado, el espíritu volvió a ella, lo cual indica que verdaderamente estaba muerta, en términos médicos. Mas Jesús la describió como dormida. Esto nos lleva al choque que, una y otra vez, revela la absoluta diferencia que existe entre las perspectivas de los que van a través de ojos humanos y los que ven por medio del espíritu.
    Lo que se ven del mundo espíritual no puede ser comprendido ni aprendido por los sentidos del cuerpo, a pesar del intento frecuente de transitar por ese camino. Es un ejercito que no puede producir otro fruto que la frustración.
     Al incorporarse la niña, el Señor dio instrucciones de que fuera alimentada. Una actividad netamente física, vinculada a este mundo en que vivimos. La vida continúa y no podemos escapar  de nuestro entorno. Por otro lado, también es parte de nuestro llamado atender las necesidades corporales de las personas a nuestro cargo. No todo tiene que ser resuelto con oración y ayuno. Padecemos algunas necesidades "poco espírituales" como un plato de comida, un abrazo o un abrigo. Todo forma parte de lo que es el ser humano.
   

martes, 6 de enero de 2015

Devociones:"Repercusiones".

Lo que vivimos en el plano privado de nuestras vidas incide en nuestras relaciones en el ámbito público. (Lucas 1:5-25).

           Mientras Zacarías permanecía dentro del templo el pueblo lo esperaba, y se extrañaba de su tardanza. "Pero cuando salió, no podía hablarles, y se dieron cuenta de que había visto una visión en el templo; y él les hablaba por señas, y permanecía mudo".
     la convicción de que la fe es algo "muy personal"  está fuertemente instalada en nuestro concepto de la vida espiritual. Hemos cedido frente a la idea de que cada uno posee la capacidad de construir en soledad su propia experiencia en Cristo. Nuestro débil compromiso con la Iglesia muchas veces revela cuán poco valor de darnos a los aportes de nuestros hermanos al proceso que Dios realiza en nuestra vida.
      La experiencia de Zacarías muestra que nuestras vivencias en lo secreto indefectiblemente afectan la vida de aquellos con los que nos encontramos en el ámbito de la vida pública, aun cuando no seamos conscientes de ello. Nuestra vida está forzosamente ligada a la vida de otros que comparten con nosotros nuestra existencia.
     El apóstol Pablo escogió la analogía del cuerpo humano para explicar este ministerio, ilustrado cómo la vida de un miembro afecta la de los otros: "Y si un miembro sufre, todos los miembros sufren con él; y si un miembro es honrado, todos los miembros se regocijan con él" (1 Corintios 12:26). La imagen es perfecta para entender nuestra relación con otros. Si una persona pierde en un accidente su mano, todo el cuerpo sufrirá las consecuencias, aun cuando la parte más fuerte de la crisis la sufra el brazo.
     ¿Acaso no son los hijos los mejores ejemplos de la fe, o falta de fe, de sus padres? Aun cuando los padres han confiado la formación espiritual de sus hijos a los maestros de la escuela dominical, la mayor influencia sobre la vida de ellos la ejercerán aquellas vidas de las que son testigos en la intimidad del hogar.
      La respuesta inapropiada de Zacarías ante la visita del ángel significó que él perdió parte de la aventura que Dios había preparado para él. Es tentador pensar que el asunto termina aquí, pero claramente la gente que lo esperaba afuera también resultó afectada por su experiencia. Cuando salió percibieron que algo había ocurrido, pero no tuvieron acceso a los detalles, pues Zacarías no estaba babilitado para compartir con ellos lo vivido.
    Imagine, por un instante, que Zacarías hubiera reaccionado con fe al anuncio. ¿Qué hubiera ocurrido al salir del templo? ¿Acaso no hubiera gritado a los cuatro vientos que iba a ser papá, que Dios mismo se lo había anunciado? El pueblo hubiera entrado en pleno en el gozo de él. En lugar de esto, volvieron  a sus casas perplejos, con la sensación de haberse perdido algo importante.
     Lo que vivimos en el plano privado de nuestras vidas incide en nuestras relaciones en el ámbito público. Cuando desatendemos este aspecto de nuestras vidas, no sufrimos solamente nosotros. Todo el cuerpo de Cristo se ve empobrecido.
     

lunes, 5 de enero de 2015

Devociones: "Serenidad".

Conviene a los hijos de Dios un espíritu sereno y apacible, porque no es nuestro esfuerzo el que logra los resultados. (Marcos 9:14-29).

       La escena que encontró Jesús cuando bajó era diametralmente opuesta a la que habían vivido en el monte. "Cuando volvieron a los discípulos, vieron una gran multitud que les rodeaba, y a unos escribas que discutían con ellos. Enseguida, cuando toda la multitud vio a Jesús, quedó sorprendida, y corriendo hacía El, le saludaban.
     Y El les preguntó: ¿Qué discutís con ellos? Y uno de la multitud le respondió: Maestro, te traje a mi hijo que tiene un espíritu mudo, y siempre que se apodera de él, lo derriba, y echa espumarajos, cruje los dientes y se va consumiendo. Y dije a tus discípulos que lo expulsaran, pero no pudieron" (Marcos 9:14-18).
Lo primero que nos llama la atención en esta escena de conflicto y confusión es que la multitud, cuando vio a Jesús, corrió hacía él. La reacción de ellos nos da una idea muy clara de la autoridad y el peso que tenía la figura de Cristo entre las personas que lo seguían en diferentes momentos de su vida. Por la reacción de ellos, es evidente, que creían que él podía ayudarlos a desenredar el desconcierto y la confusión generada en una situación de necesidad.
      La respuesta de la gente, sin que estuvieran conscientes de ello, era el camino a seguir para salir del enredo en que se habían metido los discípulos. Nuestra respuesta, en situaciones en las que no discernimos con claridad los pasos pertinentes, debería ser el detener toda actividad y buscar la palabra orientadora del Señor. Solamente él sabe con certeza lo que se requiere en cada circunstancia en particular. Lastimosamente, sin embargo, nuestra reacción muchas veces revela que, buscando salir adelante, depositamos nuestra confianza en nuestras propias capacidades.
    Los discípulos se habían involucrado en una discusión con algunos de los presentes, incluidos aquellos infaltables expertos en asuntos espírituales, los escribas. Hemos de creer que, ante el infructuoso esfuerzo para responder a la situación del muchacho, los discípulos habían recibido algunas indicaciones o burlas por parte de los presentes, y esto seguramente despertó en ellos el afán por defender o explicar su proceder.
     La discusión puede parecer el camino a recorrer en esta clase de situaciones, pero no aporta nada a la solución. En el ministerio, sin embargo, pareciera que esta es una debilidad muy particular. Observe las veces, no menos de seis, que Pablo exhortó a Timoteo en sus dos cartas a no enredarse en vanas discusiones. Animó al joven líder a no permitir que algunos "enseñarán doctrinas extrañas, ni prestarán atención a mitos y genealogías interminables, lo que da lugar a discusiones inútiles en vez de hacer avanzar el plan de Dios que es por fe" (1 Timoteo 1:4). A Tito le señala que las contiendas de palabras son "sin provecho y sin valor" (Tito 3:9).
     Aun cuando tengamos razón, el reino avanza por otros medios. Conviene a los hijos de Dios un espíritu sereno y apacible, porque no es nuestro esfuerzo el que logra los resultados, sino la intervención del Señor, como descubrió Moisés cuando asesinó al guardia Egipcio.
¿Cómo reaccionó Jesús? ¿Por qué se refirió a ellos como una "generación incrédula? . 
    

viernes, 2 de enero de 2015

Devociones: "Luchando con Dios".

Cuando aprendemos a descansar en Dios nuestro esfuerzo se ve siempre recompensado. (Génesis 32:24-25).

      Este es uno de esos pasajes que nos resulta por demás extraño. Dios envuelto en una lucha cuerpo a cuerpo toda la noche. ¿Cómo ha de explicarse tan raro evento en el relato de la historia de los patriarcas? Creo que la historia no es tan extraña como inicialmente nos parece. Para entenderla, debemos recordar la vida de Jacob.
       Había nacido hijo de la promesa. Por él pasaba la descendencia de aquellos que iban a ser parte de esa gran nación que le había sido anunciada a Abraham. De manera que la bendición de Dios reposaba sobre él aún desde el vientre de su madre. Un rápido vistazo a los acontecimientos de su vida, sin embargo, nos muestran a un hombre que no dudó en echarle mano de cuanto artilujio pudiera para hacerse de la bendición que Dios le había prometido. Lo vemos envuelto en reiteradas situaciones donde se aprovechó de la debilidad de otros. Lo vemos haciendo trampa, mintiendo, engañando y siendo engañado. Acumuló una gran fortuna en bienes, pero se hizo de muchos enemigos en el camino, incluyendo el odío viceral de su hermano Esaú, que había jurado matarlo. No es una figura que inspira.
      A veces el Señor lleva años queriendo decirnos algo sin poder lograr que le prestemos atención. Su voz es la del "silvo apacible". Pero cuando no hacemos caso, debe adoptar métodos más directos. Este es uno de esos incidentes. En forma muy gráfica Dios le muestra al Patriarca lo que había sido su vida hasta este momento. Una lucha sin fin por apropiarse de la bendición de Dios. El relato nos dice que el Señor no pudo contra él. De cierto esta no era puja por dominio físico. Dios podría haberle destruido simplemente con la palabra de su boca. Pero no era la intención del encuentro destruirlo, sino mostrarle lo arduo y cansador que había sido el camino recorrido.
     En un sentido muy literal, el Señor le dice al Patriarca: toda la vida has estado luchando conmigo, sin darte cuenta que yo estoy de tu lado. ¿Cuándo dejarás de pelear contra mí? Quédate quieto, y dejame que te bendiga de una buena vez por todas. El Señor mismo deseaba la prosperidad de Jacob. Pero no por el camino que el patriarca había escogido.
     Muchas veces como líderes  estamos tan desesperados de asegurarnos de la bendición de Dios para nuestros proyectos que echamos mano de todo lo que se nos viene por delante. Trabajamos con una deseperación que revela cuanto creemos que todo depende de nuestro esfuerzo. Y hasta logramos el avance deseado. Pero cuánto más fácil hubieran sido las cosas si hubiéramos aprendido a unir nuestro trabajo al brazo fuerte de Dios.
Para pensar:
   Quizás este es un buen momento para detenerse. Tome un momento para volver a poner las cosas en su lugar. Usted no está trabajando para Dios. Usted está trabajando con Dios. no quiera usted hacerlo todo. Descanse más en él, y verá que mayores resultados resultan de sus esfuerzos. 

jueves, 1 de enero de 2015

Devociones: "Cuestión de tiempos".

 Debemos discernir los tiempos para trabajar o reflexionar, a fin de dedicarse de todo corazón. (Lucas 10:39-40).

        Nuestro estudio de este pasaje sería poco productivo si nos concentráramos en el valor relativo de las actividades de las dos hermanas. El Señor no quiso exaltar la pasividad por encima del activismo. De hecho, cualquiera de las dos actividades puede ser perjudicial si es llevada a un extremo.
      Por un lado tenemos el peligro de la persona inquieta. Es la persona que no puede detenerse, que necesita siempre estar haciendo algo. En muchos casos esta es una persona que tiene ciertas carencias afectivas. Esconden su dolor o inseguridad en un estilo de vida que no deja lugar para los tiempos de recogimiento, intimidad o reflexión.
      Es difícil tener que convivir con ellos porque su permanente movimiento no los deja dedicarse a otras realidades de la vida que no se cultivan por medio de trabajos y proyectos. El ministerio es especialmente atractivo para ellos, porque les da un medio para ganarse el afecto y la aprobación que tanto necesitan. Un pastor con quien hablé me contó, haciendo alusión a su entrega "incondicional" al Señor, que no había tomado vacaciones ni descansos en siete años. Es una postura común entre los que están trabajando dentro de la Iglesia.
    Por el otro lado, no obstante. tenemos a la persona que carece de todo interés en cualquier tipo de actividad. Su vida está gobernada por la ley del menor esfuerzo y busca siempre la manera de conseguir beneficios sin hacer demasiado a cambio. Esta clase de persona, cuando está dentro del Cuerpo de Cristo, espiritualiza su vagancia explicando que Dios lo ha llamado a cosas "mayores". Es la clase de persona que tiene visiones, recibe palabras y profecías y siempre está lista para disertar sobre la Palabra. Nunca está, sin embargo, a la hora de arremangarse para trabajar en algún proyecto que implica esfuerzo y sacrificio. También de estos hay en abundancia dentro de la casa de Dios. De modo que podemos afirmar que tanto el activismo excesivo como el ocio desmedido son altamente perjudiciales para la vida de aquellos que desean caminar fielmente con Cristo.
   ¿Cuál es la lección que Cristo quiso enseñarle a Marta en ester incidente absolutamente cotidiano, común a la vida de cada uno de nosotros? No estaba condenando la actividad de Marta, que de por sí era buena, sino el hecho que estaba abocada a una actividad loable en el momento incorrecto. He aquí la diferencia entre la persona madura y la inmadura. La inmadura se dedica a destiempo a las cosas que otros hacen en el momento correcto.
   Hay un tiempo indicado para el trabajo y el esfuerzo. Quién se dedica al descanso, la instrucción y la reflexión, cuando es tiempo de trabajo, hace lo incorrecto. De la misma manera, quién se dedica al trabajo cuando es tiempo para el descanso, la instrucción y la reflexión, también hace lo incorreecto.
Para pensar:
       Señor, enséñame a discernir los tiempos para estas dos actividades, para dedicarme de todo corazón a cada una de ellas en el momento oportuno.